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Escuela Bosque

Escuela Bosque en Colombia: aprender con el territorio

En Alborada, el territorio se convierte en parte del aprendizaje: senderos, humedales y huertas abren preguntas sobre equilibrio, cooperación, cuidado y vida.

28 de octubre de 2026
Estudiante de Alborada observa una flor en un paisaje natural

¿Qué cambia cuando el territorio se convierte en parte del aprendizaje? Un sendero abre preguntas sobre equilibrio y cooperación. Un humedal invita a investigar el agua y la vida. Una huerta permite comprender los ciclos, la espera y el cuidado.

En el Colegio Alborada de Chía, la naturaleza forma parte del currículo, de las relaciones y de nuestra manera de acompañar el desarrollo. Nuestra propuesta de Escuela Bosque en Colombia integra los principios de Forest School con la inspiración en Reggio Emilia, el aprendizaje experiencial y una pedagogía de los cuidados.

Esta visión cobra vida en KUAYA, nuestro colegio sin paredes: experiencias que conectan naturaleza, aventura, ciudad, investigación y servicio con preguntas que tienen sentido para niños y jóvenes.

Forest School es un enfoque que promueve el desarrollo integral mediante experiencias regulares en entornos naturales, con oportunidades para explorar, tomar decisiones y afrontar retos acompañados. La continuidad, la participación de los estudiantes, la reflexión y la preparación de los adultos son aspectos centrales de esta propuesta.

En Alborada, Escuela Bosque es una estrategia dentro de nuestro proyecto educativo. Se expresa en encuentros recurrentes con el territorio, experiencias planeadas, documentación pedagógica y conversaciones que permiten comprender lo vivido.

Volver a un lugar, reconocer sus cambios y aprender a cuidarlo construye una relación que crece con el tiempo.

Aprender con el cuerpo y la comunidad

Las experiencias y los proyectos de investigación ofrecen oportunidades para aprender con el cuerpo, los sentidos y la comunidad.

Observar rastros, orientarse, construir, recorrer un terreno o resolver un desafío compartido permite trabajar habilidades que acompañan toda la vida: autonomía, creatividad, pensamiento crítico, cooperación y conciencia del cuidado.

Cada experiencia tiene una intención pedagógica. Preparamos el encuentro, lo vivimos, observamos, documentamos e interpretamos lo sucedido para reconocer cómo podemos aplicar lo aprendido en otros contextos.

Una caminata puede abrir una investigación sobre el paisaje; un desafío de orientación permite conversar sobre las decisiones del grupo; una bitácora ayuda a reconocer preguntas, emociones y descubrimientos.

En nuestra propuesta, Ser, Convivir, Pensar, Actuar y Cuidar son dimensiones que se construyen juntas.

El territorio provoca; la escucha orienta; la documentación hace visible lo aprendido.

Nuestra inspiración en la filosofía Reggio Emilia reconoce a niños y jóvenes como personas capaces, curiosas y protagonistas de su aprendizaje. Desde esta mirada, el ambiente participa en la construcción del conocimiento.

Los cien lenguajes encuentran posibilidades en la naturaleza: dibujar una raíz, representar un recorrido con el cuerpo, construir con materiales del entorno, registrar sonidos o escribir sobre una experiencia.

La documentación pedagógica permite volver sobre esas expresiones y comprender los procesos de cada estudiante. Fotografías, bitácoras, producciones y conversaciones ayudan a que maestros y estudiantes reconozcan cómo se está construyendo el aprendizaje.

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