En tiempos de pantallas, escribir a mano sigue teniendo un lugar fundamental en nuestra propuesta educativa. En Alborada nos interesa lo que sucede mientras cada estudiante escribe, dibuja, relaciona ideas y vuelve sobre sus descubrimientos.
Por eso participamos en El cuaderno como lugar de existencia, una búsqueda que conecta más de diez años de investigación de la filósofa brasileña Renata Stort con la experiencia de Lina Idárraga y nuestro equipo en innovación pedagógica.
Escribir a mano integra el movimiento, la percepción visual y la construcción de símbolos. Para formar una letra, el niño coordina lo que ve con lo que hace y observa la huella de su propio gesto.
La investigación aporta razones para cuidar esta experiencia. Algunos estudios sugieren que, después de producir letras a mano, el reconocimiento involucra regiones cerebrales relacionadas con la lectura de una manera que no aparece del mismo modo tras teclearlas o repasarlas.
Este hallazgo no significa que escribir a mano garantice por sí solo aprender o recordar más. La evidencia nos invita a elegir cada herramienta con intención pedagógica.
El cuaderno como espacio de pensamiento
En Alborada preservamos oportunidades para aprender con el cuerpo, los sentidos y el gesto propio, junto con el uso consciente de las herramientas digitales.
La mirada de Renata amplía esta conversación hacia la identidad y la libertad. El cuaderno puede habitarse mediante palabras, imágenes, collages y otras formas de expresión; sus páginas se transforman con quien las utiliza.
Esta perspectiva dialoga con nuestra inspiración en Reggio Emilia y los cien lenguajes. Un dibujo, una frase, una composición o una pregunta pueden hacer visible una idea que todavía está tomando forma.
Para nosotros, recuperar el cuaderno significa ofrecer un espacio donde cada estudiante encuentre razones para escribir y pueda reconocer su propia voz. El orden y la estética cobran sentido cuando ayudan a organizar, comunicar y cuidar lo que se está construyendo.
El cuaderno también ofrece al maestro una oportunidad de observación. ¿Qué preguntas aparecen? ¿Qué relaciones propone el estudiante? ¿Cómo cambia su explicación después de una experiencia?
Volver sobre esas huellas permite conversar acerca del propio aprendizaje: reconocer avances, revisar decisiones y formular nuevas preguntas. Así, el cuaderno encuentra un lugar dentro de nuestra investigación y personalización curricular.
Una investigación que continúa
La experiencia de Lina Idárraga, con más de veinte años de trabajo en innovación educativa, aporta a este proyecto el diálogo cotidiano con niños, jóvenes y maestros. El encuentro con Renata nos permite enriquecer nuestras prácticas y compartirlas desde una investigación solidaria que crece con las preguntas de otros.
Del 14 al 16 de enero de 2027, abriremos nuestras puertas a educadores, terapeutas y artistas para una inmersión y seminario sobre las posibilidades del cuaderno.
Ser parte de este proyecto expresa una convicción que orienta nuestra propuesta: aprender necesita experiencias con sentido, espacio para la expresión y maestros atentos a la singularidad de cada persona.
Creemos que cada página puede guardar mucho más que una respuesta: puede conservar el camino que nos llevó a descubrirla.
