


¿Qué sucede cuando un colegio pone sus aprendizajes al servicio de otra comunidad? En el Colegio Alborada estamos viviendo una experiencia que nos transforma: liderar, junto a la Fundación Beika, la propuesta pedagógica del Museo Vivo La Leona, en Cajamarca, Tolima.
Este proyecto nos invita a compartir lo aprendido durante nuestra trayectoria y a dejarnos enseñar por el territorio. Es una oportunidad para llevar nuestra inspiración en Reggio Emilia al encuentro de nuevas preguntas sobre la memoria, la identidad y las posibilidades de la educación en Colombia.
La Institución Educativa La Leona fue reubicada, diseñada y construida por Crepes & Waffles mediante el mecanismo de Obras por Impuestos. Su propuesta vincula educación rural, cultura local y arquitectura en relación con el paisaje.
En este mismo territorio, el Proyecto Arqueológico La Leona permitió rescatar e investigar catorce tumbas prehispánicas, un patrimonio que abre preguntas sobre quienes habitaron este lugar y sus formas de vida.
Amanecer y el Museo Vivo La Leona
En este contexto se desarrolla Amanecer, proyecto que acompaña la Fundación Beika para fortalecer la innovación pedagógica y los vínculos entre colegio, comunidad y territorio. El Museo Vivo La Leona reúne arqueología, infancia y creación en una experiencia de investigación compartida.
Para Alborada, participar significa poner nuestra experiencia al servicio de esta construcción colectiva, reconociendo a los niños y jóvenes como protagonistas capaces de formular preguntas, proponer interpretaciones y aportar a la memoria de su comunidad.
Los cien lenguajes en el atelier
La filosofía Reggio Emilia inspira nuestra manera de comprender a quienes aprenden: personas capaces, sensibles y curiosas que construyen conocimiento en relación con otros.
Los cien lenguajes expresan la diversidad de maneras de pensar, conocer y comunicar. La palabra, el dibujo, el movimiento, el sonido, el modelado y la construcción ofrecen posibilidades que se enriquecen al encontrarse.
Desde esta inspiración, concebimos el atelier del Museo Vivo como un ambiente para investigar. Un lugar donde los materiales inviten a observar con atención, ensayar ideas y encontrar formas propias de expresarlas.
El barro puede abrir preguntas sobre los objetos del pasado; los tejidos, sobre las relaciones que sostienen una comunidad; la luz y la sombra, sobre las distintas maneras de percibir y narrar un hallazgo.
Dar lugar a los cien lenguajes es reconocer que cada niño y joven tiene algo valioso que aportar a la construcción del museo.
Arqueología, patrimonio y participación comunitaria
¿Qué podemos aprender de los objetos sobre la vida cotidiana de otras épocas? ¿Cómo dialogan las huellas del pasado con los saberes actuales de las familias? ¿Qué historias queremos compartir y qué necesitamos investigar para contarlas con responsabilidad?
Estas preguntas permiten acercarse a la arqueología desde la curiosidad y el rigor, distinguiendo entre evidencias, interpretaciones y posibilidades creativas. El museo puede convertirse así en un lugar para aprender a observar, escuchar y construir conocimiento juntos.
La propuesta contempla construir un museo de carácter educativo y territorial junto a la comunidad, mediante el encuentro de distintas disciplinas. Nuestra contribución pedagógica busca acercar ese proceso a las preguntas y experiencias de sus niños y jóvenes.
Aprender con otras comunidades
En Alborada, nuestra inspiración en Reggio Emilia se expresa en la escucha, la documentación de los procesos, los ambientes y los múltiples lenguajes. Participar en La Leona amplía esa búsqueda: nos invita a revisar nuestras prácticas, enriquecer nuestras preguntas y aprender de otras maneras de habitar el mundo.
Dos estudiantes de último año del Colegio Alborada forman parte del grupo de voluntarios del proyecto. Acompañan a los estudiantes de La Leona en la elaboración de nuevas piezas para el museo y aportan a la investigación que quedará documentada como parte de la memoria del proyecto.
Su participación permite llevar los aprendizajes del colegio a una experiencia concreta de colaboración, creación y responsabilidad social. En el encuentro con otros jóvenes, ponen sus capacidades al servicio de un propósito compartido y amplían su comprensión del patrimonio y de las realidades del país.
Liderar esta propuesta tiene un significado profesional y profundamente personal. Implica compartir una trayectoria construida entre niños, jóvenes, maestros, materiales y preguntas, conservando la disposición de seguir aprendiendo.
Acompañar a una comunidad en el reconocimiento de sus historias y saberes como patrimonio vivo reafirma nuestro compromiso pedagógico y social: entendemos la educación de calidad como un derecho para todos.
